en mis ojos taciturnos,
y tu Trovador nocturno
se hundió en la enfermedad:
sufrió fiebre de maldad,
por anemia de caricias,
se olvido de las delicias
que probaba de tu mano,
jamás tuvo otro verano
tras caer en tu avaricia…
Regaste con desilusión
los gladiolos del amor
y tu nocturno Cantor
no vio más la luz del sol,
se enfermo de inanición
por la falta de tus ojos,
solo sombras y despojos
en su dieta habitaron,
y su triste corolario
fue chocar con tus cerrojos…
Abonaste con olvidos
un ansioso corazón,
y tu Poeta y su canción,
acallaron sus sonidos,
ahora solo canta residuos
esperando volverte a ver,
sin la esperanza perder,
pese tu gélida ausencia
y tu falta de clemencia
que le obligan a perecer…
Cosechaste en tu cantar,
torbellinos de angustias,
y fueron solo flores mustias
las que cantó tu Juglar,
agónico en su peregrinar
enfermó en tu tempestad,
floreció en la oscuridad
y sin cantos agonizante,
oscureció su semblante
en el vacío de esta ciudad…
Cortaste sin contemplación
las flores del instrumento
de aquel Cantor somnoliento
que cantaba con ilusión;
agónico en su Corazón
rogó por tu clemencia,
y en el borde de la demencia,
tan solo tu nombre repetía,
pues sería la única poesía
que tendría tras tu ausencia…
(…)
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