de la Luna a medianoche,
es pa’ no soltar el reproche
a esta vida tan feroz,
donde la risa es veloz,
pero lento es el quebranto,
y uno llora tanto y tanto
como un sauce llorón,
repitiendo la oración
que no escucha ningún santo…
y si hablo susurrando
es para que no oiga el cielo,
donde chocan los anhelos
con las nubes que volando
los van acallando,
no dejando ni asomar
al hombre y su despertar,
ni con sueños de ilusión
que se pierden en la unión
de la noche y el aclarar…
(...)
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