como luces de mil veranos,
como estrellas de un rebaño,
como pasos de tu andar;
son destellos de un aclarar
infinito de sabores,
de Mil días multicolores
que en mil soles y mil lunas
caminaron a la tribuna
de tu vida y tus amores...
Son tus rayos plateados
tu corona de laureles,
el canto en Mil decibeles
a un camino caminado,
en un sueño disfrazado
de una oda y una aventura
donde no hubo señal oscura,
sino el brillo de tus días
prodigantes de alegrías,
de verdores y frescuras...
Tus recuerdos ya lejanos
aún brillan en la prisa
de tu boca y tu sonrisa
de poderes sobre humanos,
que en tu poder lozano
se refresca de verdor,
de tantos días de esplendor
que no saben terminar,
pues la voz de tu cantar
suena fuerte en tu fulgor...
Las hojas de tus recuerdos
se endulzaron en la miel
de tus manos de pincel
que pintó cuadros eternos,
inclinándose en su acervo
a tus días refulgentes,
entre tonos fluorescentes,
palpitantes de esplendor
y de interminable fulgor
que tiñó todo tu ambiente...
Las trenzas de tus horas
se han anclado en los detalles
de tus ríos y tus calles,
de tus mares y tus olas,
en la voz esperanzadora
que ha venido al camino
de una vida sin abrigo,
sin pausa o comodidad,
que en amores sin piedad
se clavó junto conmigo...
(...)
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