martes 24 de enero de 2012

Carta 01

Es verdad, prometí no volver a escribirte, pero aún conservo mucho de la vana ilusión de que me podrías buscar de algún extraño modo, de que buscarías mis letras, al menos para saber si sigo vivo. Es por eso que empiezo estas letras que iré colgando cada cierto tiempo en este lugar... quizás te dignes a pasar, quizás no...

Hace mucho quería comenzar esto, pues he tenido tanto que decirte y tú tan poco que escuchar. En realidad estuve muy inquieto, ansioso de saber por dónde volarían tus alas angélicas; dónde andaría tu piel néctar-lechoso y albino, la cual solía combinar tan bien con mi abrazo desértico-moreno lleno de nostalgia altiplánica.
No podría hablar de olvido, eso sería propio de una lengua mal agradecida, inadecuado para quien probó tu sabor áureo-emulsionado; más bien diría que me he acostumbrado a la ausencia y a conformar mis días con la sombra de tu recuerdo... con tus palabras risueñas llenas de candidez y tus gestos cotidianos y predecibles.

He intentado imaginarte en tu día a día, pero lo limitado de mi imaginación no me deja volar muy lejos, por lo tanto he optado por repetir nuestras antiguas rutinas juntos, tu vestimenta, tu largo y dulce cabello, y todas esas cosas que siento que me faltan enormemente.
Algo no encaja en aquel cuadro y es que te imagino recordándome, aun sabiendo que eso es muy poco probable... mi imagen ya fue borrada en ti de tus cuadernos y tus días... bueno, son solo jugarretas del recuerdo... alegre y cruel a la vez...

Te extraño... cada día...